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Conocer el pasado para entender el presente III

Conocer el pasado para entender el presente III
  • “El problema es que este debate no puede ser ganado con estadísticas (...) eso no cambiará la actitud de las personas. Hay que hacerlo a través de historias, humanizando a los refugiados sin rostro. Tenemos que mostrar sus nombres, sus caras, sus ambiciones, sus amores y de qué están huyendo".

Por: Ana Vohn

Martes 15 de marzo de 2016.

CIUDAD DE MÉXICO.- Realmente, nadie puede llevar una cuenta de muertos y desaparecidos causados por la guerra hasta ahora, ni hacer la suma de bajas entre los dos bandos, aunque organismos como el Human Rights Data Análisis Group y el Observatorio Sirio de Derechos Humanos gozan de una mayor credibilidad oficial y una mayor precisión ante este problema. Es indiscutible que el número de muertos va incrementando constantemente, derramando la sangre del pueblo sirio día a día, y parece que este aumento en víctimas no es el objeto prioritario para ninguno de los involucrados en esta guerra.

Las matanzas y bombardeos masivos contra la población civil prosiguen sin que nadie intente impedirlos. ¿ Por qué el mundo piensa que el número de muertos, heridos, refugiados, personas aterradas de lo que se ha vuelto su “realidad” de un día a otro, y sobretodo la crueldad dentro de esta guerra se ha vuelto “tolerable”? ¿Qué es lo que nos hace más afortunados que a estas personas que sufren día a día del rechazo del mundo en general? ¿Qué nos hace falta para ponernos en sus zapatos e intentar generar un cambio ante una situación que pasará a la historia como una situación con falta de humanidad? 

Reflexionemos un poco ante lo que viven las víctimas de situaciones como esta, por los que han muerto y los que se han salvado, por los que han luchado por sobrevivir, porque su futuro será duro y difícil, y la mayoría de nosotros nos dejamos llevar por estereotipos o etiquetas a una sociedad en la que al igual de personas causantes de la guerra y que provocan a diario la muerte y desventura de muchos, existen también niños, mujeres, hombres y ancianos que buscan de manera honesta sobrevivir y recuperar la tranquilidad que les ha sido arrebatada por su propio país o la mentalidad equívoca de una religión de sus paisanos.

Es muy poca la ayuda humanitaria que se le ha brindado a Siria. “Al interior del país apenas llega un 20% de lo que sería necesario, falta casi todo lo imprescindible  y las condiciones en que se encuentran tanto los combatientes como los civiles desplazados son inhumanas: sin atención médica, sin suficiente comida y, sobre todo, sin la esperanza de que alguien acuda en su auxilio” ( Resume el drama que afecta a la mitad de la población de Siria, el presidente de la Junta de Ayuda en la ciudad de Killis, Mohamed Al Jandali).

Los medios de comunicación nos muestran difícilmente la realidad de los damnificados de Siria. A muchos de los periodistas se les ha prohibido el libre acceso a los campos de refugiados y se han impuesto restricciones en las zonas fronterizas con Siria. Es impresionante como la comunidad internacional cierra los ojos ante las víctimas de un conflicto que engloba un gran drama humano, y sobretodo cuando “Las dramáticas cifras que resumen el sufrimiento humano en Siria son imprecisas y la realidad podría ser aún peor. Porque el régimen de Asad oculta los datos de la represión, mientras que los grupos armados rebeldes carecen de la organización y coordinación precisas para hacer evaluaciones”. 

Estas personas sienten el rechazo de la población mundial, los consideran intrusos y sienten su presencia como una amenaza a largo plazo. Para ellos su vida dio un giro de 180 grados y ya no les queda mucha esperanza para volver a empezar después de lo que han pasado. La pasividad del mundo provoca en los sirios una sensación de abandono; muchos de ellos no son, ni piensan como los grupos insurgentes afines a Al Qaeda, y éstos se ven beneficiados políticamente de la ausencia de ayuda humanitaria. Actualmente hace falta la presencia de las grandes ONGs y la colaboración de las autoridades locales. 

En los gestos y palabras de dolor de las personas que escapan de Siria, podemos ver desde la perspectiva de miles de víctimas el dolor y la desesperación en espera de que el mundo se movilice y brinde ayuda ante su situación de “abandono”

Es nuestro papel ir más allá de la información recibida, saber que los civiles siempre llevan la peor parte en las guerra, y que los niños son las más vulnerables en esto. Actualmente parece que a nadie le importa lo que le pase a los sirios, ni las bombas, ni las muertes, ni la destrucción… nadie hace nada para impedir las matanzas o ayudar en cuanto puedan para aportar un “granito de arena” a tantas personas.

Como jóvenes debemos  saber lo afortunados que somos al no estar involucrados en un conflicto como éste. Tomar en cuenta que existen miles de jóvenes que sufren y mueren sin saber porqué, que el mundo les está dando la espalda sólo porque no están cerca o culpan debido a su origen. Apreciar nuestra realidad y reflexionar por un momento lo que podemos hacer por ellos, y no sólo compadecerlos por su situación, sino generar un cambio ( que aunque nos parezca poco, podemos alcanzar cosas grandes).  No sólo por ver imágenes conmovedoras y dar “likes” en las páginas sociales nos hace partícipes del cambio ni más solidarios, abramos los ojos y reaccionemos en hacer conciencia ante la gravedad de la situación en la que se debaten más de siete millones de personas afectadas directamente por esta guerra.

Necesitamos conocer el pasado para entender el presente, y aprender de éstos para crear un mejor futuro. Por más que leamos, escuchemos o veamos fotos de este conflicto, nunca veremos realmente reflejado el sufrimiento de un país en la situación que está pasando Siria, es por esto que debemos ser solidarios, cambiar la mentalidad de una sociedad egoísta y desinteresad por una que busque trascender en el sentido de humanidad.

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